Semana 41 de "Habla con Ella"

A lo largo de la vida, todas necesitamos encontrar una manera de curarnos. Hay heridas que llegan de repente y otras que se van formando poco a poco, casi sin que nos demos cuenta. Algunas nacen de una despedida, de una pérdida, de una decepción o de algo que esperábamos y nunca sucedió. Otras vienen de nosotras mismas, de las veces que nos exigimos demasiado, de las palabras que no dijimos o de todo aquello que aprendimos a guardar para seguir adelante. Y aunque no siempre sepamos cómo hacerlo, llega un momento en el que necesitamos detenernos, escucharnos y encontrar aquello que nos ayude a sentirnos un poco mejor.
¿Cómo te curas tú?
Quizá has aprendido a hacerlo en silencio, regalándote un momento a solas, llorando cuando lo necesitas o permitiéndote descansar sin sentir que tienes que resolverlo todo. Tal vez encuentras consuelo en una conversación con alguien que te conoce de verdad, en un abrazo que llega justo a tiempo, en la música, en la naturaleza o en alguna actividad que te devuelve la calma. A veces, curarnos no significa encontrar una respuesta, sino descubrir que podemos estar con aquello que nos duele sin tener que esconderlo ni apresurarnos a dejarlo atrás.
Piensa en los momentos de tu vida en los que has necesitado volver a ti. En aquellas épocas en las que algo te rompió los planes, te cambió la manera de mirar el mundo o te obligó a despedirte de una parte de quien eras. ¿Qué hiciste entonces? ¿A quién buscaste? ¿Hubo algo que te ayudara a atravesar esos días, aunque en ese momento no supieras que también estabas aprendiendo a curarte? Quizá hoy, al mirar hacia atrás, puedas reconocer que hubo pequeños gestos, palabras o encuentros que te sostuvieron cuando más lo necesitabas.
A veces creemos que para curarnos tenemos que ser fuertes, seguir adelante y hacer como si nada hubiera pasado. Nos acostumbramos a ocuparnos de los demás, a cumplir con nuestras responsabilidades y a encontrar la manera de que todo siga funcionando, incluso cuando por dentro algo necesita atención. Pero ¿qué sucede cuando nos permitimos no poder con todo? ¿Cuando dejamos de exigirnos estar bien y aceptamos que hay días en los que necesitamos llorar, guardar silencio o simplemente no hacer nada? Quizá curarnos también consista en darnos el permiso de sentir, sin juzgarnos por aquello que todavía nos duele.
Con los años, vamos descubriendo que no todas las heridas se curan de la misma manera. Hay cosas que el tiempo transforma, otras que necesitan una conversación pendiente y algunas que solo comienzan a encontrar su lugar cuando dejamos de preguntarnos por qué sucedieron. También hay dolores que no desaparecen por completo, pero que poco a poco dejan de ocuparlo todo. Aprendemos a vivir con ciertas ausencias, a recordar sin que el recuerdo nos lastime de la misma forma y a mirar nuestra historia con un poco más de ternura. ¿Hay algo que antes te dolía y que hoy puedes recordar de otra manera? ¿Has aprendido a perdonarte por algo? ¿Qué has tenido que soltar para recuperar un poco de paz?
Piensa también en aquello que te devuelve la vida cuando sientes que te has perdido de ti misma. Quizá sea bordar, caminar sin prisa, cuidar tus plantas, preparar algo rico, sentarte a mirar el cielo o pasar un rato con las personas que amas. Tal vez encuentras una forma de curarte en la oración, en la meditación, en la belleza de las cosas pequeñas o en la posibilidad de crear algo con tus propias manos. Hay momentos en los que necesitamos hablar y otros en los que las palabras no alcanzan. Entonces, quizá, necesitamos hacer algo distinto: respirar, contemplar, escuchar, crear. Encontrar un espacio en el que podamos volver a sentirnos presentes, aunque sea por unos instantes.
Permite que esta reflexión acompañe el desarrollo de tu pieza. Quizá puedas bordar aquello que te ha dado consuelo, un lugar al que regresas cuando necesitas recuperar la calma, una planta que vuelve a florecer después de un tiempo difícil o una figura que represente esa parte de ti que, a pesar de todo, ha encontrado la manera de seguir creciendo. Tal vez quieras trabajar con colores que te transmitan serenidad, con formas que te recuerden un abrazo o con puntadas que te permitan transformar en algo hermoso aquello que alguna vez te dolió. No necesitas representar una herida ni contar una historia que no quieras compartir. Basta con escuchar qué necesita aparecer y permitir que encuentre su propia forma entre la aguja y el hilo.
Porque curarnos también es aprender a tratarnos con amor. Es reconocer que no siempre tenemos que poder solas, que está bien necesitar de otros y que no hay una única manera de atravesar lo que nos sucede. Quizá no podamos cambiar todo aquello que nos ha marcado, pero sí podemos descubrir nuevas formas de acompañarnos mientras lo comprendemos. Y tal vez, al preguntarte cómo te curas tú, encuentres que algunas de las cosas que te devuelven la paz han estado contigo desde hace mucho tiempo, esperando a que vuelvas a ellas.





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