Semana 37 de "Habla con Ella"

A lo largo de la vida, hay emociones que aprendemos a esconder incluso de las personas que más queremos. La vergüenza puede ser una de ellas. A veces aparece cuando sentimos que hicimos algo que no debíamos, cuando nos equivocamos, cuando alguien nos hizo sentir menos, cuando nuestro cuerpo cambió o cuando creemos que no estuvimos a la altura de lo que los demás esperaban de nosotros. Y aunque muchas veces intentamos seguir adelante como si nada hubiera pasado, hay momentos en los que esa sensación permanece con nosotros mucho más tiempo del que quisiéramos.
¿Qué me dirías si siento vergüenza?

Tal vez me dirías que no tengo que esconderme de ti. Que puedo contarte aquello que me avergüenza sin miedo a que cambie la manera en la que me miras. Quizá me recordarías que todos hemos hecho cosas de las que no nos sentimos orgullosos, que todos hemos tenido momentos en los que hubiéramos querido actuar de otra manera y que equivocarnos no nos convierte en personas menos valiosas.
Tal vez me dirías que la vergüenza también puede hacernos olvidar quiénes somos. Que por un instante podemos mirar solamente aquello que hicimos mal y dejar de ver todo lo demás: los años que hemos vivido, las decisiones que hemos tomado, las veces que hemos cuidado a otros, las cosas que hemos aprendido, los momentos en los que hemos sido valientes. Quizá me ayudarías a recordar que una parte de mi historia no puede definir toda mi historia.
Piensa en las veces que tú también sentiste vergüenza. En aquellas cosas que alguna vez te hicieron querer desaparecer, guardar silencio o no volver a hablar de lo sucedido. ¿Qué aprendiste con los años sobre ellas? ¿Hay algo que hoy puedas mirar con más ternura? Tal vez aquello que entonces parecía enorme, con el tiempo encontró otro lugar dentro de ti. Quizá algunas cosas dejaron de doler y otras simplemente aprendiste a aceptarlas como parte de quien eres.
También puede ser que la vergüenza no venga de algo que hiciste, sino de algo que alguien te hizo sentir. De una palabra, una comparación, una crítica o una mirada que se quedó contigo durante mucho tiempo. Si pudieras hablarle hoy a esa mujer que alguna vez sintió que no era suficiente, ¿qué le dirías? ¿Le pedirías que dejara de esconderse? ¿Le recordarías todo aquello que nadie pudo quitarle?
Permite que esta reflexión acompañe el desarrollo de tu pieza. Tal vez aparezcan manos que cubren y descubren, rostros, ojos, flores que se abren, cicatrices, sombras o cualquier símbolo que para ti hable de aquello que alguna vez quisiste ocultar. No tienes que representar la vergüenza como algo oscuro. También puedes bordar el momento en que comenzaste a mirarte de otra manera.
Porque quizá crecer también significa aprender a tratarnos con la misma ternura con la que tratamos a quienes amamos. Y tal vez, si algún día sentimos vergüenza, necesitemos que alguien nos recuerde algo muy sencillo: que no tenemos que ser perfectas para merecer amor, ni esconder nuestras partes más vulnerables para seguir siendo dignas de ser abrazadas.





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