Semana 15 de "Habla con Ella"
- Gimena Romero

- 15 abr
- 2 min de lectura

Hay preguntas que abren una escena completa apenas se nombran: cajas, puertas, despedidas pequeñas, objetos en las manos, la sensación de empezar algo sin saber todavía cómo será.
Esta semana la conversación se acerca a uno de esos umbrales en los que la vida cambia de forma.
¿Cómo fue cuando te mudaste por primera vez de casa de tus papás?

No hace falta responderla de inmediato ni convertirla en una historia lineal. Deja que la pregunta repose y observa qué aparece primero. A veces no llega una fecha ni un lugar exacto, sino una emoción: entusiasmo, miedo, alivio, incertidumbre, libertad, nostalgia. A veces llegan detalles mínimos que contienen todo un momento: una llave nueva, una habitación vacía, una maleta, el silencio de la primera noche.
Permanece en la escucha de lo que esa transición significó para ella. Mudarse por primera vez rara vez es solo cambiar de casa. También puede ser una separación, una afirmación de autonomía, una pérdida, un deseo cumplido o una mezcla de todo al mismo tiempo.
Tal vez hubo alegría.Tal vez duelo.Tal vez prisa.Tal vez una sensación de no estar lista y, aun así, seguir adelante.
Observa también lo que quedó atrás y lo que empezó entonces. ¿Qué se llevó consigo?, ¿qué decidió dejar?, ¿qué descubrió al vivir sola o lejos?, ¿qué parte de sí comenzó a aparecer en ese nuevo espacio?
No intentes volver ese recuerdo ejemplar ni dramático. Basta con acercarte a su verdad, incluso si es contradictoria. Muchas veces los cambios importantes no se viven con claridad mientras ocurren; se entienden después.
Este ejercicio no busca reconstruir la mudanza como evento, sino reconocer lo que ese paso movió por dentro.
Deja que esa percepción guíe tu gesto. Puede aparecer como traslado, como vacío, como acomodo, como capas nuevas sobre otras antiguas. Tal vez algo se separe y algo se reúna. Tal vez el material pida espacio, desplazamiento o una nueva organización.
No necesitas explicarlo.
Tómate tu tiempo.Hay puertas que, una vez abiertas, siguen transformándonos mucho después de haber cruzado.








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